miércoles, 18 de febrero de 2015

El matador de toros y el político José María Álvarez del Manzano, protagonistas de un nuevo Mano a Mano de Cajasol.

Palomo Linares arremete contra el monopolio taurino de la FIT y el boicot del G-5


José María Álvarez del Manzano y Palomo Linares. / Manuel Gómez

Palomo no tuvo pelos en la lengua y, de alguna manera, dijo lo que piensan tantos con la libertad que otorgan esas canas plateadas al sol de las plazas de toros. La evocación de la Guerrilla sesentera que le llevó a dar la vuelta a España con El Cordobés a lomos de una plaza portátil para plantar a las empresas del momento le sirvió para fundamentar su denuncia: «Hay que luchar en contra de los monopolios, vengan de donde vengan. Y ahora hay que luchar con uno nuevo; ha llegado un señor mexicano que quiere controlar la Fiesta y eso es inaceptable»

El maestro de Linares ya estaba embalado. Sin despeinarse había señalado con el dedo a esa alianza sellada entre el multimillonario azteca Alberto Bailleres y los empresarios Pepe Cutiño y Simón Casas, que ha creado un nuevo mapa de los poderes taurinos. Pero Palomo no se casó con nadie y fue más allá al condenar «el boicot de cinco toreros en contra de una empresa». La alusión a ese G-5 que reverdece sus dudosos laureles a la vez que se estanca la gestación de una Feria de Abril que ya debería estar en el horno fue clarita y concisa. Era el titular más llamativo de una noche que se había convocado para hablar de toros y política bajo el formato de los Mano a mano de la Fundación Cajasol, que ayer estrenaban nueva temporada. 

Esa compleja ecuación –la del toreo y la cosa pública– también está de rabiosa actualidad en medio de un panorama sociopolítico que ve arreciar el acoso antitaurino mientras las administraciones, en el mejor de los casos, sólo se ponen de perfil. No era el caso de José María Álvarez del Manzano, un sevillano de la calle Tajo que –degenerando, como el banderillero de Belmonte– llegó a alcalde de los Madriles. Bajo su mandato se reconstruyó la vieja plaza de Vista Alegre como recinto cubierto y multiusos. Precisamente, la vieja y recordada Chata había servido de trampolín al jovencísimo Palomo Linares, que aterrizó en Carabanchel al reclamo de los hermanos Lozano para salir lanzado de aquella Oportunidad televisiva que retrata la conocida película Nuevo en esta plaza. 

Pero había que retomar el hilo de la política. Álvarez del Manzano rompió el hielo aludiendo a su origen heliopolitano preguntándose cómo podía haber gente que no fuera del Betis. Bromas aparte, el regidor madrileño –muchos le siguen llamando alcalde– recordó que la Fiesta «forma parte de nuestra cultura y cuando ahora la atacan y defienden al toro otorgándole una sensibilidad humana se olvidan de las maravillosas dehesas que no se edifican y mantienen unos valores naturales que los ecologistas deberían ser los primeros en defender». 

José Enrique Moreno, preciso y oportuno moderador habitual, puso sobre el escenario la figura imprescindible de Ortega y Gasset. El filósofo sostenía que la historia de España no se puede entender sin estudiar la evolución de las corridas de toros. No sabemos si hoy sería así; tampoco sabemos si la fiesta tiene color político –algunos se empeñan en ello– pero Palomo Linares, perro viejo y sabio, se apresuró a advertir de que «el único color que tiene el toreo es el rojigualda; la Fiesta está tan enraizada en el pueblo español que las aguas volverán a su cauce». El veterano maestro cerró el lance precisando que «es cuestión de tiempo», pero aún se adornó al pregonar que «mientras haya un español sobre la faz de la Tierra habrá fiesta de los toros». Eso sí, advirtió, «tenemos que tener cuidado porque el enemigo no duerme». 

Su autoridad de gran figura no quedó ahí. La evocación de la Guerrilla también sirvió para poner sobre la mesa la trascendencia social que hoy atraviesa el toreo. Moreno preguntó al matador si una rebelión así sería hoy posible. La respuesta fue clara: «Hoy no hay dos toreros con la fuerza que teníamos nosotros. Sólo hay uno, pero no quiere torear». Pues ni más ni menos, maestro.

fuente:elcorreoweb.es