lunes, 20 de mayo de 2013

ENTREVISTA.-  Más  Morante  que  nunca  en  El Mundo.

'Aún me visita el hombre invisible'





Uno se acostumbra a andar con el demonio.' Único y genuino, Morante de la Puebla desnuda su alma y ahonda en su personalidad en la entrevista Doce más Una publicada en el diario El Mundo este sábado y que fue realizada por Rafael J. Álvarez. El diestro sevillano habla de sus sentimientos, del toreo y de su tratamiento. Con arte, fiel a sí mismo. Puro Morante... 

1- ¿Qué hará para lidiarme? — Te miraré. Y a partir de ahí, como el toro, vuelta y vuelta, despacio, hasta que me frene y me pare contigo a ver qué pasa. 

 2- ¿Dios es lento? — Las cosas de Dios son lentas. El arte tiene que tener paciencia. Y yo creo en un Dios cercano al arte. Hay que saber escucharle... despaciosamente. Y... y ya está. 

3- ¿Qué sabe el toro de usted que usted no sepa? — Estar delante de un toro es estar delante de la verdad. Yo noto que me está descifrando, y eso te da un miedo interior que dices: ‘¿Qué sabrá de mí?’. Toro y torero avanzan por el miedo y se encuentran en el eje. El toro embiste por miedo. Y el torero, cuando torea bien, lo hace con miedo. Es malo no tener miedo; esa sensación de vacío, de no contactar con la realidad, es lo que más pánico me da. Por eso los toreros nos motivamos con el miedo y el peligro. Eso nos hace estar en el momento, ese estar apartado de lo que puede ser mortal. Si uno se muere, que se dé cuenta, ¿no? (se ríe). 

4- ¿Usted de qué huye cuando se queda tan quieto? — De mí. Porque mi lado racional lo que quiere es salir corriendo. Al quedarme quieto huyo de mí. 

5- ¿Cuánto dura una tarde en Las Ventas? [La pregunta es anterior a la bronca del jueves] — A veces eternamente. Por eso tanta preocupación, compromiso y miedo con Madrid. En Madrid se torea para la eternidad. Otras veces se olvida. Es un público muy hostil, nada pijo, un pueblo duro con los toreros y los toros. (¿Y los del 7?) Están continuamente hostigando al toro y al torero. Son una anarquía con personalidad, una locura donde de pronto todo está mal y de pronto todo bien. 

6- Un toro quieto, un pitón a un palmo, una embestida a punto... ¿A usted le sobran los huevos? — ¡Me faltan! Los miro y digo: ‘¿Dónde estáis?’. Se esconden (se ríe). Piensas en dar la mayor pureza posible al trance, no piensas en ellos porque no te los ves. 

7- Si la medalla de las Bellas Artes a Rivera fue «una vergüenza », ¿qué le cuelga a usted del cuello para torear en su plaza? — Pues... humildad. Yo no dije eso por Rivera, sino por quien se la otorgó, aunque sí que directamente estaba él. Me cuelga humildad. 

8- Se lo pregunto al duende: ¿qué pasaría con un fútbol sin la infección del gol y unos toros sin la carnicería de la muerte? — Yo no soy capaz de tirar a puerta, es más bonito tocar. Hay muy pocos futbolistas que uno vea y diga: ‘Ole’. Hay muy poquitos Ozil. Un fútbol sin goles moriría porque hay pocos futbolistas así. Y torear sin la sangre no sería razonable. Utilizar a un animal sin que se den la vida los dos, sólo por dar pases, sería faltarles el respeto a ambos. Matar al toro es respetarlo. 

9- ¿Qué tarde siempre se le hace? — Ninguna. No me gusta pensar en ninguna. Cuando hago algo bueno, los amigos me dicen: ‘Esto es lo que te vas a llevar cuando te mueras’. Y yo les digo: ‘Ni eso’. 

10- Si estira la piel de España, ¿qué animal le sale? — ¿Adónde vamos? Deberíamos saber dónde estamos. Ojalá España se asentara en su cultura y su gente. Lo echo en falta en esta piel, que no se sabe si es de toro o vaca. Se podría decir que es un animal sin cabeza. 

11- Si los pobres acabaran en su finca, ¿por dónde empezaría? — Que se apoderen de una finca después de que uno ha estado desde pequeño entrenando, mil historias... Sin orden esto sería el Oeste, las pistolas. Hay que conformarse con tu puesto en la vida; se puede ser feliz siendo pobre. 

12- ¿Aún le visitan las cornadas sin sangre? — Sí, podría decir que sí. Me rondan. Uno se acostumbra a andar con el demonio. Sí... rondan, rondan. Yo le llamo el hombre invisible. Ya está aquí el hombre invisible. Aún me visita, sí. Ni se ve ni tiene explicación. Está por ahí, es el hombre invisible, lo busco (mira alrededor) y no lo encuentro. Sigo un tratamiento y afortunadamente estoy contento. Pero es difícil encontrarte bien del todo. Lo intento sobrellevar y... Y ya está. 

(+1) ¿Cuándo supo de qué moriría? — El día que nací. El día que nací me di cuenta de que de que estaba metido en un buen lío.

fuente:elmundo.es