domingo, 5 de mayo de 2013

 
El Consentido
 
 

Hay personalidades que no tienen una lectura. Decenas de ellas, quizá tantas como días. El torero, cuando es creativo, es decir, artista, no puede tener una única lectura, un patrón, una técnica, una puesta en escena. En el inicio de esta nueva etapa, en la campaña mexicana más extensa de su creatividad, había dudas sobre qué lectura de la personalidad de Morante se haría  en un país apasionadamente taurino. Dudas en el exterior, porque en el entorno no las hubo.  Ni en él. Quizá porque desde afuera  no se percibe que México es, en parte, como Morante, un país con mil personalidades. Saber encajar en este río de pasiones es lograr ser un consentido.

En la acepción más humana, consentir va mucho más allá de ser un “admitido”. Es mucho más que ser “un torero de”.  Consentir, en las tierras del otro lado del Gran Charco es querer. Mimar, agradecer, sentir como propio, desear sentimientos positivos hacia alguien. Toreros consentidos de La México, en DF,  ha habido unos cuantos, torero consentido en todo el país, menos, el ultimo, Ponce.  De una personalidad distinta, de mayor capacidad en la regularidad. De lectura más evidente. Cómo ha logrado Morante ser el último consentido de todo México tiene la misma lectura que la tauromaquia de este país.

Esa leyenda de abulia, de entregar la cuchara pronto, de vivir entre el torero de abandono y el torero de huida que le precedía en los tópicos del análisis de Morante, de ausentarse de las gentes, estalló en mil pedazos al comprobar los públicos de Guadalajara, DF, Aguascalientes, San Luis, etc… que Morante era en máximo exponente de que el gran Pepe Alameda escribió: 'el toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega'.  Morante jamás ha sido, y menos en México, la graciosa huida sino la entrega apasionada. A la que los púbicos comprobaron que, con mejor o peor fortuna en los sorteos, Morante sentía necesidad de entregar su pasión creativa, lo convirtieron en el último consentido de México.  Eso y su toreo. El toreo que jamás huye. En el diccionario de la creatividad artística el verbo huir se borró desde hace siglos.