lunes, 11 de junio de 2012

Todo el mundo está de acuerdo: esta feria de San Isidro ha sido mala.


La decadencia de la casta brava.


En esta España nuestra, tan dividida, pocas cuestiones suscitan tanta unanimidad como ésta: la Feria de San Isidro ha sido mala. En este punto, no hay derechas ni izquierdas, «progres» ni «carcas», del Madrid o del Barcelona. Todos, de acuerdo.



En un terreno en el que las pasiones son tan extremadas, intentemos señalar las causas del pesimismo.



La bravura, a la baja



La decadencia de la casta es la madre del cordero, la raíz de todos los problemas. Los que acuden ocasionalmente a la Plaza preguntan, ingenuamente: ¿por qué se eligen estos toros, que impiden el triunfo? Se resume en una cadena muy clara: el número de aficionados cada vez es menor. (La sociedad española se ha hecho urbana, ha perdido la conexión con el campo, con la realidad del toro bravo). Consecuencia: los espectadores sólo acuden a las corridas en las Ferias, por el factor social que eso supone. (Fuera de Feria, son una ruina). Compran su entrada, la mayoría, sin saber qué toros se van a lidiar, atraídos sólo por los nombres de algunos diestros.



Mandan los toreros



Esos toreros exigen elegir la ganadería que van a torear. Buscan, lógicamente, el que propicie su triunfo. Pero eso ha derivado en la comodidad: un tipo de toro que no moleste demasiado; que, si sale bueno, facilite el éxito; y, si sale malo, no cree muchos problemas... Por su parte, los ganaderos necesitan vender sus productos, cuya crianza les ha supuesto un gasto importante; si no, se arruinarían... Y los empresarios compran los toros que los toreros quieren, para que accedan a torear en una Plaza incómoda, para ellos, como es Las Ventas... El círculo se ha cerrado. No mandan en la Fiesta los ganaderos ni los empresarios sino los toreros famosos; o, mejor, sus apoderados.



Una anécdota lo puede resumir. En Sevilla, en una conferencia, hice un canto a «Bastonito», de Baltasar Ibán: un toro bravo, fiero, que creó dificultades y consagró a César Rincón. Un ilustre ganadero me contestó: «Si le sale otro tan bravo como “Bastonito”, el ganadero tendrá que mandar al matadero toda su ganadería». Yo me limité a apostillar: «Así estamos..» Y así seguimos.



Selección del toro artista



La decadencia general de la casta brava es un hecho indudable y lamentable. Desde hace años, se ha seguido un camino equivocado: buscar el toro suave, dócil, manejable, en vez del bravo, fiero, poderoso, que ha sido siempre la base de esta Fiesta, lo que le da su grandeza heroica. ¿Cómo se consigue esto? Naturalmente, con la selección de las vacas y los sementales que pueden ir en esta línea.



El lenguaje no es inocente, revela una mentalidad. Ha sido nefasta la expresión del «toro artista»: el único artista es el diestro, que somete, domina, a un animal arrogante, feroz, y, con este material tan peligroso, es capaz de crear belleza. Lo denunció Ortega: el esteticismo es el riesgo que amenaza a la Tauromaquia y la conduce a un manierismo decadente.



Se ha buscado la «toreabilidad» del toro. ¿Cómo puede ser esa cursilería? Nunca he oído hablar de la «jamoneidad» del jamón: todos son jamones, buenos o malos. Hay que buscar toros bravos, nada más.



Una comparación mil veces repetida: se ha echado demasiada agua al vino de la casta. ¿Quién puede separarla? Sencillamente, se han pasado. Recuperar la casta perdida es tarea difícil (pero no imposible). Más arduo es cambiar la mentalidad de los diestros y de los públicos...



Los toros rechazados



Los rechazos, en el reconocimiento previo, de corridas completas —o casi íntegras— han sido otra de las malas noticias de este San Isidro. ¿Tan mal presentadas venían? Suponemos que sí. ¿Quién tiene la culpa? No lo sabemos: ¿los ganaderos; los veedores de la empresa o de las figuras; los veterinarios; los presidentes? ¿Ha influido la crisis económica en la escasa alimentación del ganado?



El trapío de Las Ventas



Al fondo está una cuestión peliaguda: ¿cuál es el trapío exigible en Madrid? ¿Qué remate deben tener los toros? Es algo decisivo pero, inevitablememente, subjetivo. Habría que intentar un cierto consenso entre aficionados y profesionales; si no, Las Ventas puede llegar a convertirse en una casa de orates. A veces, lo parece. La seriedad del toro, el trapío, no se mide por la tablilla ni siquiera por el tamaño. Dentro de límites razonables, importan mucho más la integridad, la pujanza, la casta, la movilidad, la sensación de peligro, la emoción... Un ejemplo claro: el citado «Bastonito», paradigma de toro bravo, fue pitado de salida por chico...



Los veterinarios



En Sevilla se han puesto en marcha dos iniciativas razonables. Los veterinarios hacen un primer reconocimiento de los toros elegidos, en el campo. A propuesta de los abonados, se han hecho públicos lo informes veterinarios sobre los toros de la Feria. Las dos cosas podrían implantarse en Madrid: lo primero, evitaría rechazos; lo segundo, añadiría trasparencia.



Las figuras no quieren venir a Madrid



Toda la vida, torear en Madrid ha supuesto un trago duro: «En Madrid, que atoree San Isidro», sentenció El Guerra. Pero eso es lo que ha dado siempre categoría (y dinero) a las figuras. Actuar en las grandes Ferias (Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia, Pamplona) suponía una obligación. Además, el público exigía que mostraran su maestría con toros de ganaderías presuntamente «duras», junto a otros, menos exigentes.



El empresario de Las Ventas ha declarado que las figuras sólo querían venir una tarde; con gran esfuerzo, consiguió que vinieran dos... Desde el punto de vista de la comodidad, es lógico: en Madrid se les exige mucho y, a veces, con injusticia. Desde el punto de vista de la grandeza de la Fiesta, no.



Monoencaste Domecq



Las figuras exigen no salirse de un reducidísimo grupo de ganaderías: Núñez del Cuvillo, Victoriano del Río, Juan Pedro Domecq, Garcigrande, Zalduendo... El predominio del «monoencaste» Domecq es abrumador.



Manolete, máxima figura, acepta torear miuras en Linares. En 1942, Antonio Bienvenida toma la alternativa en Madrid, con toros de Miura, de manos de su hermano Pepe; al inutilizarse, se niegan a matar reses de otra divisa y pasan a la cárcel. (Comentario obvio: ¿qué figura de hoy iría a la cárcel por empeñarse en matar toros de Miura?). Luis Miguel y Ordóñez matan con frecuencia toros de Conde de la Corte, de Pablo Romero, de Palha. Paco Camino tiene predilección por los de encaste Santa Coloma...



El público no hubiera tolerado, antes, que las figuras se hubieran limitado a los toros presuntamente más «cómodos». En las grandes Ferias, tenían que matar de los dos grupos, para confirmar su categoría. Eran otros tiempos... Por eso la Fiesta estaba más viva, suscitaba más pasión.



Si no cambia todo esto; sobre todo, si no se recupera la casta brava, seguiremos aburriéndonos, muchas tardes, y el público acudirá cada vez menos a las Plazas: la Fiesta estará herida de muerte.



fuente:ABC.es