martes, 23 de agosto de 2011


Miercoles 24 de Agosto de 2011

Muy buenos días, me acabo de levantar con una tremenda resaca producida por la borrachera del buen toreo de Morante de la Puebla de ayer en Bilbao. Hoy no quiero ser el que os hable de esa faena para la Historia de Toreo que escribió Morante con letras de oro y con ese sello tan personal de esa Tauromaquia rescatada de lo más profundo del baúl de los recuerdos pero con sabor eterno.
Este triunfo es la recompensa a todos los años de sufrimiento, de esa enfermedad, que te obligo a cortar hace años una temporada, a los años duros en que las cosas no han funcionado como uno quisiera, en el cual los triunfos tardaban en llegar, en los que no se arrojo la toalla en ningun momento y la constancia, el trabajo y el creer en las cualidades de uno mismo tenian que traer un triunfo como el de ayer.
Ya que nadie va a discutir tus condiciones como torero, ese arte y esa toreria que tú respiras por los cuatros costados.
Este triunfo en una plaza de primera categoría, no se a quien le habrá hecho mas ilusión si a tí o a mí Morante, yo ya tenia ganas de ver esa imagen sacándote en andas atravesando el umbral de la puerta grande, que imagen mas bonita, me saltaron dos lagrimones “maestro” y espero que este sea el punto de inflexión para que enseñes la dimensión del torero que llevas dentro, ya que eres el Mesías del Toreo y tienes que predicar con esa forma de torear. Y a partir de ahora todo depende de ti para que sigas escribiendo nuevas páginas con letras de oro en la Historia del Toreo.
Y aqui termina la introducion ya que habia comentado que no iba hablar de la faena de Morante pero es que me imposible hablar del Genio de Puebla del Rio "Morante de la Puebla".
Esta ha sido la reacción de la crítica especializada hoy quiero que sean los profesionales los que pongan los titulares a la faena de Morante:




Corridas Generales de Bilbao


Faena histórica de
Morante de la Puebla


Importantísima corrida de Núñez del Cuvillo


Si alguien pregunta cómo es el toreo le respondería inmediatamente que es, exactamente, como el que hizo ayer sobre el negro ruedo de Vista Alegre ese asombroso Morante de la Puebla. La faena al cuarto ejemplar de la soberbia corrida de Núñez del Cuvillo, deja zanjada cualquier discusión sobre lo que se considera el arte de torear. Morante supo ver pronto la clase del toro, que se había protestado por aparente cojera. El presidente tuvo la energía y la personalidad suficientes para no devolverlo y de paso le hizo un favor a la fiesta.

Un favor muy grande porque permitió que Morante de la Puebla explicara con torería, con arte infinito, son inmensa hondura, lo que es el el toreo. Sin prisas, son parsimonia, fue bordando los muletazos en redondo, de bellísima arquitectura. No se entendía, sin embargo sobre el pitón izquierdo pero con sabiduría y reposo consiguió meter el toro en la muleta en incomensubrables naturales. Se prodigó hasta el infinito y nos emborrachó de contemplar el mejor toreo, el de siempre, sin ventajismos, ajustándose a la ortodoxia dentro de una inmensa fantasía. Y para el remate un volapié soberano que tiró sin puntilla al gran toro. El presidente, en gesto de buen aficionado, sacó los dos pañuelo a la vez. Y es que no había duda sobre aquella obra de arte.

Manzanares estuvo muy por debajo de su primer toro al que pegó trallazos y anduvo desigual con el gran quinto ejemplar al que mató de una gran estocada recibiendo. Y David Mora recreó el toreo sobre la mano izquierda en su primero y estuvo valentísimo con el sexto.

fuente:marca.com(por Carlos Ilià
n)





DE LA MECA A LA PUEBLA





Nada más mágico que la fragilidad del arte convertida en acero. Sin que nadie vea el metal. Frente al toro de hierro y fuego, frente al toro por hacer y por poder, presentó Morante la muleta suelta, los vuelos del alma y la fragilidad del cuerpo que se abandona. Lo que muchos hacen a gritos lo hizo él callado. Lo que pocos hacen con el corazón asomando por la boca, lo hizo él con el corazón a compás de su miedo y su arte. Siendo fiel al ADN con el que lo parieron. Ese día las comadronas de la Puebla se ausentaron por un Betis/Sevilla y fueron las musas las que asistieron al parto. No se puede explicar de otra forma sus formas nunca enseñadas y siempre aprendidas. Asistimos hoy en El Bocho al siguiente eslabón del toreo con el toro que a veces no se desea pero siempre se necesita. Una corrida exigente y de raza. Para poder, para torear, para crear arte. Un eslabón no encontrado pero sabido. Un espectáculo para todas las religiones del toreo y sus partidarios que ya saben el camino a peregrinar. De La Meca a La Puebla.



Fue la corrida el fin del tópico de los toreros de arte. Eso que siempre esconde la simplicidad de lo sensiblero frente a la profundidad de lo sensible. El toreo hondo, de vaciarse, de entregarse, de abandonar tiempo y espacio. Andaba la corrida a media luz, exigentes los de Cuvillo, los toreros bien pero no mejor, camino de una tarde más. Y salió el cuarto, serio en acaramelados pitones algo abiertos, bociblanco y colorado, que marcó querencia hacia terrenos de chiqueros en donde le dieron un el primer castigo serio. Todo estaba de nones. El público viendo una cojera inexistente, Morante dando capa de esa forma que no gusta pero que es tan eficaz, tan calibradora y mandó otro puyazo. Lo vio. Y como lo vio se salió afuera con él a dos manos, cuerpo flexionado. pero no como los sprinters, sino muy torero, pudiendo y haciéndolo romper para adelante y por abajo.


No le gustó eso al público pues tomó esa forma tan gallista de romper al toro como un acto que enseñaba intenciones de brevedad. Fu. Asentado en el tercio, fue desgranando el torero una faena dominadora y paciente, sensible y de reunión y de embroque ajustado y de fuerza y de abandono. Tuvo el toro en el haber durar mucho y ser agradecido. En el debe, o quizá no tan debe, poder, fuerza, emoción. Echaba la cara arriba en los finales de los pases, y el torero llegó a poder tanto que terminó bailando con él por el palo de su toreo. Cintura, pecho por delante, reunión. No quiso el toro por el pitón izquierdo y hasta por ahí el torero tiró del acero que siempre tiene la seda para pegarle dos tandas limpias como la cara de un niño. Un cambio de mano en una pedresina antes de otra tanda, un cierre a dos manos por arriba y por abajo y una estocada que me da igual dónde cayó que cayó muy bien.

Ese Bilbo que parecía la Plaza Mayor de la Puebla del Rio. La Meca nueva del toreo. Una vuelta de tuerca hoy, un paso adelante, un eslabón a seguir. Con el toro que no se desea pero que es necesario. Con una corrida que da verdad y da fuerza aunque de miedo a veces. Un toro como el quinto, bajo y serio, que llegó sin picar a la muleta de Manzanares pues salió suelto del segundo puyazo y no le hicieron nada. Toro para poderlo. Se lo llevó el torero al centro del ruedo y allí se hizo el amo el toro hasta que Manzanares se pasó la muleta a la izquierda y le bajó la mano y los vuelos de la muleta. Ahí subió la faena hasta las nubes, en dos tandas más con la derecha y otra más con la izquierda, para bajar con unos tropiezos de telas que sólo se hicieron olvidar con un espadazo recibiendo. Toro importante. Exigente. Fuerte.

Estas con las corridas de para adelante. Toros, toreros, ferias, fiesta. Para adelante David Mora en el sexto, un galán astifino y pendenciero que cada vez que le bajaba la mano el toro le echaba la cara arriba y hasta dos veces le prendió. Firme el torero, que se jugó la vergüenza y los muslos en una actuación de quien desea estar y ser. Esas dos últimas faenas vinieron precedida de la faena. La que espoleo la tarde, que se sabía exigente, pero iba camino de ser una mas y una menos. Con el toro que no se quiere tantas veces pero que se necesita siempre y más ahora.

Soltó mucho la cara el primero, al que Morante le dejó buenos lances por el pitón derecho y algunos muletazos de categoría made in su ADN. Fue exigente el tercero, al que David Mora, que siempre entro en quites (unas gaoneras fueron de escalofrío) de los toros de los compañeros, le dio mucha distancia al principio en una faena de mas a menos y con mal a espadas. El segundo se movió mucho sin mucha clase, pero fue toro para esforzarse en la muleta de un Manzanares que estuvo como fue el primer tramo de la corrida, camino de ser una tarde más. Pero las cosas de la magia de la vida, que siempre pueden venir de la mano del toreo de un tipo como el de La Puebla, fiel a las hadas que le inspiran y a las musas que le nacieron. Y de ahí para adelante, enseñar que el toreo puede y quizá ya haya encontrado el camino de la emoción del arte. La emoción intensa y tensa del arte del toreo. Con ese toro y con esa forma de poner de acuerdo a todas las religiones del toreo que ya peregrinan desde la Meca a La Puebla.

Plaza de toros de Vista Alegre. Cuarta de las Corridas Generales. Dos tercios de entrada. Toros de Núñez del Cuvillo, buenos y encastados con un único toro deslucido, primero noble y desrazado, segundo encastado, tercero noble, cuarto, con clase y fondo, quinto, encastado, sexto deslucido e incierto. Morante de la Puebla, ovación con saludos y dos orejas tras aviso; José María Manzanares, ovación con saludos y oreja tras aviso; y David Mora, ovación con saludos tras aviso y ovación con saludos. Han saludado en banderillas Curro Javier y Luis Blázquez y ha destacado lidiando Juan José Trujillo que saludó en el quinto.





DECLARACION DE MORANTE Tras un faenón de dos orejas



'Llevo soñando con esta tarde toda mi carrera'



Morante de la Puebla ha cortado las dos orejas al segundo toro de la tarde en Bilbao tras firmar un faenón de antología al segundo toro de la tarde, un ejemplar de Núñez del Cuvillo. El diestro de La Puebla del Río compartió sus impresiones con Canal+ Toros:

'Estoy muy contento. Estoy feliz y creo que es un día importante para mí. Esa mala racha de muchos días se compensa hoy. El toro tenía una lidia, porque parecía que se caía, que se iba, pero el toro tenía fuerza inteiror y ese punto de nobleza que se lo he ido sacando y el toro lo ha mostrado. El inicio ha sido fundamental para que rompiera porque tenia muchos pies y yo quería asentarlo para poderme sentir yo. Una tarde como hoy es una de las que uno sueña. Llevo soñando con esta tarde toda mi trayectoria y hoy ha sido'.

El ganadero Álvaro Núñez Benjumea también compartió con los micrófonos de Digital+ su emoción tras el faenón protagonizado por Morante de la Puebla con uno de sus pupilos:

"La verdad es que estoy emocionado. Torear así no se ve todos los días y estos toreros no necesitan un toro bravo. Éste es el toro que estamos buscando mi padre y yo, el toro que cuando se siente sometido, sigue embistiendo y cuanto más por abajo mejor. Tener la suerte de que este toro le salga a Morante y verle torear como ha toreado es impresionante. Este tío torea como el que lo inventó'.

José María Manzanares y David Mora también ofrecieron una buena imagen en su actuación en Bilbao. El alicantino, que pudo cortar una oreja del segundo, comentó que 'he estado a gusto. Ha sido un toro bravo y he intentado hacer las cosas bien. Lo he matado recibiendo porque quería matar recibiendo en Bilbao'. Del quinto, comentó que 'no ha sido fácil, pero estoy satisfecho porque el toro era exigente'.

El madrileño también pudo cortar una oreja del tercero, y se lamentó ante los micrófonos de Canal+ Toros por haber pinchado: 'Llevo una racha que no los mato. No son sainetes, pero cuando tienes la oreja cortada y pinchas, matar a la segunda ya no sirve. El toro ha sido bravo y ha tenido calidad. Si lo hubiese matado, la cosa hubiese cambiado mucho'.



fuente:mundotoro.com




CRÓNICA DE BILBAO.- El de la Puebla corta dos orejas al cuarto Cuvillo.


Morante pinta el movimiento



El movimiento se puede pintar. Lo hizo Morante con su expresión de clásico barroco, de torero de otros tiempos traído a la butaca de PVC. El movimiento, sin embargo, no se puede torear, que es verbo mucho más amplio y difícil de ejecutar. Se puede torear a un toro que fija el objetivo y lo ataca sin reservas en su entrega. Entonces puede surgir el verbo torear, y para ello hay que parar, templar, mandar y transportar. Al movimiento de un animal bovino como el cuarto, o como a los tres primeros de la corrida, se les puede acompañar, sujetar, acariciar y hasta castigar, pero el verbo torear le viene tres tallas grande.

Qué expresión la de Morante para pintar frente a un toro tan móvil que pasaba y pasaba sin fijar el objetivo. La imaginación y los recursos de una enciclopedia viviente puestos al servicio de la expresión en la derecha del compás, la gracia de kikirikí, la estética en la trinchera y el gobierno de recogida inicial a dos manos y sobre las piernas. Cabe que Morante sintiera que nunca toreó a este cuarto, más allá de dos rotundos naturales casi sobre el aviso del largo trasteo diestro ¡Qué dos naturales fueron! Aquéllos por donde Morante no lo veía antes. Saldrán poetas a rimar y bulerías a cantar la pintura en movimiento. Y la plaza, cierto, era un clamor cuando el barroco de compás alegre mataba como un bravo guerrero.

Qué listo Morante esta vez, que ni siquiera necesitó de la entrega de un toro profundo y bravo. Con uno de ligero movimiento y cara fijada se bastó para poner Bilbao patas arriba.

Fue el suceso. Morante pintando el movimiento. Hasta entonces, salían cuvillos de movimiento agudo, toros corretones e incansables detrás de las muletas. Tanto movimiento tenían, que a la mayoría les perecían bravos. De hecho, el segundo de la tarde a muchos le pareció de lío tras ceñir chicuelinas David Mora y tras la torería y la perfección de Curro Javier en banderillas.

A muchos, pero no a Manzanares, que solo podía despachar y despachar acometidas incansables, corretonas de nula entrega, de descuelgue acusado y cara suelta en galeras, embistiendo a pitón cambiado. Era un correr sin embestir y sin embestir nunca cabe el toreo sentido, de ahí que el de Alicante apenas lo atisbara. Mató con su ya consabida estocada recibiendo, una tapadera de bocas por si alguno ansiaba abrir la propia.

El nuevo David Mora también tuvo otro de los corretones. Fue el tercero. Mientras corría el toro parecía haber faena y el macho torero, de pies asentados y férreas piernas, despachaba viajes a la trágala con mérito grande. Se acabó antes esa movilidad acusada y el toro se quedó en la nada y, en consecuencia, una faena a menos.

Lo suyo con el sexto fue otra historia pues, además de correr, el toro le sacó mala leche y una devanadera por cabeza. Un rico podría quitarse, uno como Mora, que quiere serlo, ni piensa en moverse de allí, el tío. Lanzaba muleta David y el funo venía raudo para traicionar a mitad de camino y buscar las ingles hasta encontrarle una en un natural de entrega. Una prenda el Cuvillo; un valiente Mora.

Lo profundo llegó en el quinto y no de la parte humana, sino de la animal. Luminito, negro de pitones tocados arriba y agrio carácter al saludar. Fuerte y potente el toro, que apretaba a las apretadas gaoneras de Mora y a los primeros muletazos de Manzanares. Este sí, este Cuvillo sí fijaba el objetivo y lo perseguía hasta el final como lo hacen los bravos, aún picando hacia dentro para no dejar abandonarse al torero. Manzanares, que no se abandonó, crispó muletazos de mano baja, bajísma por momentos, en una pelea que nunca encontró compás. Esta vez hubo premio tras matar de una vez, una oreja con vinagre en la heridas de una guerra que sí perdió.

El movimiento lo pintó Morante para instalar el clamor. Luminito, el bravo, puso la única luz al movimiento de Cuvillo.




fuente:burladero.com

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