jueves, 21 de agosto de 2014

CORRIDAS GENERALES DE BILBAO.-

De la verdad de Morante a la engañifa de Manzanares


Por Carlos Ilián.

De la verdad de Morante a la engañifa de Manzanares No hay manera de librarse de los mano a mano ficticios y ayer se anunció otro de los tantos sobre la base de una rivalidad inexistente, la de Morante y Manzanares. Pero, al menos, ha puesto de manifiesto que en realidad se enfrentaban el lujo y la baratija, el toreo hondo, sobre la base de la pureza en la ejecución y la hondura infinita y solemne de Morante y la superficialidad, la engañifa y el barato de Manzanares. 

Para ellos una corrida de Cuvillo, que aunque blandita tuvo clase, y nos regaló un toro, el segundo, para inmortalizarlo. No tuvo suerte el ganadero porque Manzanares lo desgració entre trampas, muletazos metido en el cuello, descarada y alevosa superficialidad escondiendo la pierna contraria. Vamos, Manzanares en carne viva.Tampoco estuvo a la altura del sexto, otro gran toro, aunque se alivió algo menos, en un toreo lineal y perfilero, que ya es un mérito en este torero, lo que sería un pecado en los que sabemos...Se empeñó en matar en la suerte de recibir y le salió un adefesio. Aunque reconozco que en sus dos toros anteriores mató de soberbias estocadas 

Por fortuna por allí andaba Morante de la Puebla, con el genio de Rafael de Paula en un burladero que sirvió para inspirarle y elaborar orfebrería en el primero, en muletazos sueltos solemnes, hermosos, hondos. Y en el quinto, se creció para cuajar una faena de ritual., de majestad, reposada, con pausa pero con ritmo, especialmente sobre la mano derecha. Al buen toro le faltó algo más de castita y tal vez sobraron lo muletazos finales. Ah, no faltó un tercio de quites en el que, ¡por fin!, hubo rivalidad y que Morante encendió con seis verónicas de antología, continuó Manzanares en chicuelinas de mano baja, muy de su casa y cerró Morante con otras, monumentales. 


fuente:marca.com



Por Paco March.- 

Morante, Rafael, el espíritu santo y un toro de Cuvillo 

Rafael de Paula sentenció en su día: "En el video no aparece el espíritu santo". Video (ya en extinción) o televisor, la magia del toreo lo es en la plaza, pero sirvan como remedio para quienes allí no están. 

Y así, en casa, pese al ruido de la calle, los vecinos, el teléfono, la pantalla se iluminó ayer, 19 de agosto de 2014, con el fulgor de Morante, la luz de su toreo. 

En el callejón de lVista Alegre , el genial jerezano, el que en una tarde de la Feria de Otoño madrileña de 1987 después de soñar y hacer el toreo con un sobrero de Martínez Benavides de sobrado trapío, cornalón y astifino, hizo que el crítico de El País, Joaquín Vidal, titulara su crónica: "Nunca el toreo fue tan bello".

Y en el ruedo, Morante de la Puebla y un toro de Cuvillo que si no bravo en srictu sensu, si ayudó con su adormecida nobleza para hacer que en el salón, por momentos, en la pantalla se apareciese el espíritu santo. Ahí estaba y con él Morante y sus verónicas , sus chicuelinas de la réplica en el quite , en los ayudados, en los redondos, en el natural, el pase de la firma o el desdén, en los molinetes de recurso, en la trincherilla y el trincherazo.... Toreaba Morante despacio, jondo, doliente, alado , con una sonrisa en la boca porque pura felicidad provocaba. 

Aquella tarde del otoño madrileño, Rafael dio hasta once descabellos en su primero y escuchó una bronca. En el de Benavides, dos avisos y nueve descabellos precedieron a la vuelta al ruedo y los gritos enronquecidos de ¡torero, torero!. En ese toro, Paula, ya al final, se fue trastabillando hasta las tablas, roto por fuera y por dentro , y cuando el animal dobló, el torero se sentó sobre él y le acarició el lomo. 

En Bilbao, después de hundir Morante la espada, el toro quiso rendir homenaje a su estirpe, la de los toros bravos y se resistió a la muerte al tiempo que parecía buscar la mano amiga del hombre con el que se había retado. José Antonio Morante Camacho , con la misma suavidad con la que mece las telas, le extrajo el estoque para , luego, dejarle vivir la muerte entre el reconocimiento de todos y el suyo propio y, como Rafael, pasó con suavidad su mano sobre el lomo. 

Ya ven, casi veintisiete años después , la historia ( casi ) se repetía: el genio, el bravo y el espíritu santo de la mano y el toreo en el cielo. 

Los pobres de espíritu (santo o no), los que dicen que "pueden" y no saben ,los inquisidores (legales, faltaría más), los arribistas, los a mí no me engañan, los "Petro"...están de enhoramala.



CORRIDAS GENERALES.- Quinta de abono 


Morante habla con Chicuelo

Por Zabala de la Serna.

Morante de la Puebla habló con Chicuelo, que es como hablar con Dios. La conexión con el Olimpo del toreo se produjo en el quinto con la contrarréplica a unas chicuelinas muy mediterráneas de José María Manzanares y a todas las chicuelinas que han arrastrado por la negra arena de Bilbao el sagrado nombre de Manuel Jiménez. Morante borró del mapa todos los aleteos, trallazos y chicotazos y ensalzó el lance del torero de la Alemeda a unas cotas inmarcesibles de belleza y barroquismo. Creció la marea viva del quite como en las noches de luna llena y en la penúltima, absolutamente fundido y enroscado con la embestida en un bronce brutal, se estremecieron los cimientos de Vista Alegre. Y la media acaderada acabó con el cuadro con un crujido de madera abelmontada. La plaza entera se erizó como un resorte atronador de ovaciones. Ya, antes de que Manzanares provocase al dios dormido del capote, José Antonio de La Puebla había soltado los brazos entumecidos a compás, henchido el pecho y mecido el cuerpo, yéndose con todo y el mentón hundido. Un pasmo de hondura en la boca de riego. 

El cuerpo de Morante se hacía ayer Chicuelo más allá de su creación, y el toreo en las líneas naturales del toro, la torería al hilo, la sevillanía en el embroque, fluía con la naturalidad de la Alameda. La obertura de la obra rubricó un pase de la firma mayúsculo, y la lentitud encadenó los derechazos a este 'Encumbrado' que permitió el arte con su noblota manera de embestir, sin terminar de humillar, con el celo preciso, y a veces cambiante, para quien sabe torear. Otros seis ligados desembocaron en un inmenso pase de pecho a puro pulso, pura eternidad. El cuvillo empezó desde entonces a perder la ilusión y la faena adquirió desde entonces un tono más tenue con el sabor siempre presente. Cuando ya rajado quiso irse el toro de perfectas hechuras -más sevillana que bilbaína la corrida-, Morante se arrebató en dos ayudados por alto y uno por bajo y genuflexo de Rafael el Gallo. La estocada deslumbró en el mismísimo hoyo de las agujas. Su retardado efecto provocó la muerte lenta de 'Encumbrado', que pasaba por bravo a ojos del respetable, que lo despidió con una formidable y asombrosa ovación. La oreja cayó con el peso de la gloria que perdura en la memoria. Hasta entonces la tarde del mano a mano vivía hipotensa y aletargada, desmotivada y ajena a la rivalidad. 

Sólo Morante con el sangrado y mal picado toro que estrenaba la función tuvo paciencia para esperarlo y dibujarle cosas toreras en su andar, con una vaga y divina pereza para componer en el hilo de la colocación. Hubo naturales de lento latido, pues esa era la mano del obediente cuvillo que fue rompiendo frenos. Nada pudo hacer el genio luego con una jabonero sucio que se defendió por alto y agarrado al piso. 

A Manzanares le pegaron el cante con el anovillado segundo porque se lo pasaba por Neguri. Entre que el toro contaba con un magnífico punto mansito para abrirse solo y viajar uno o dos trancos más y que Josemari quiere torear a una yunta de bueyes, pero al de fuera, cabían dos barcos mercantes. El gentío se mosqueó entre eso y las ruecas cosidas en el pico de la muleta. La espada, esa aliada bestial del alicantino, la ubre de 2014, tapó bocas. Mas el cuvillo se marchó entero al otro barrio. Lo de Manzanares resultó, entre los paseos de minuto y medio, las voces que pega y los toques que sacude, bastante grimoso. Vale que al simplón y lavado último le hacían falta tiempos para recuperar en su contado poder, pero de ahí a que te puedas fumar un pitillo... Se empeñó en matarlo en la suerte de recibir, que al final suele ser al encuentro, cuando no procedía, y lo asaeteó malamente. Y, sin embargo, al cuarto, que no valió un pimiento del país, lo reventó. Todo al revés. Empezando por su toreo.

fuente:elmundo.es