lunes, 7 de abril de 2014

TORERÍAS.- Balance de las ferias de marzo 

 Morante, 'tourear' con el alma


Se esfumó marzo y con él mutaron las Fallas y la Magdalena de la ilusión a la ceniza: al recuerdo. Las ferias y sus balances habitan aún frescos en la cabeza; los destellos, los fogonazos y el toreo caliente merodean en el alma. El Levante es el termómetro del inicio de cada temporada. Marca la temperatura, el momento de los toreros, la actitud y el tirón de los artistas en taquilla, la respuesta del público, las inercias, las fuerzas endógenas del sistema... 

Castellón cambió de imagen con respecto a la época Patón. Más gente ante la reducción de espectáculos, tal vez números mejores ante la proporción. Pero con Patón, que no se olvide, vinieron todas las figuras y se combinaron con corridas toristas y de todos los sellos. Enrique mantenía cierto equilibrio hasta que la crisis rompió esquemas, voluntades y conceptos. Castellón siempre fue complemento -a veces, incluso, competencia- de Valencia. 

El torismo llevaba menos gente -sin contar a Victorino- que la corrida mediática del domingo pasado con El Díaz, Padilla y Fandila. Pero el torismo, eso sí, llevaba más emoción. El broche castellonense dominical tiene más de análisis sociológico que taurino. Va otro público, menos exigente, menos entendido pero con el mismo derecho y la misma ilusión que cualquier aficionado que pasa por taquilla. Tampoco es que por ir más a los toros se sabe más. Se confunde, muchas veces, canas con conocimiento. 

Un amigo que lleva yendo al fútbol toda la vida siempre dice que sería incapaz de mantener una conversación seria de balompié con Valdano, Cruyff o Guardiola. Con los toros, igual. Puede uno tener su abono 40 años pero si no asimila conceptos y no es capaz de "ver" (más allá del sentido que da la vista) y analizar bien el toro: 'res de res'. Lo de Manuel Díaz en Castellón fue tremendo. Mi cerebro borró automáticamente sus faenas antes de perfilarse con la espada. Habría 15 toreros que estaban en su casa que a esos toros les pegan 20 muletazos buenos como para ilusionar a principios de campaña. Desde hace tiempo, muchos torean demasiado. Ahora porque Juan Serrano está en plan magistral y delicatessen pero Finito anduvo muchos años despilfarrando su clase además de puestos de categoría en las ferias. 

De algo que no nos vamos a olvidar es de Morante de la Puebla en este marzo. Su capote es sublime. Torear más despacio es utopía, duerme a los toros desde su primer lance con la seda. Hipnotiza el tiempo. El capote de José Antonio es eterno siendo historia viva. La hondura de la verónica, la chicuelina sevillana, la tafallera "amorantada", las medias cumbres: compás abierto o a pies juntos. De frente, de costado... Un lujo, señores aficionados, de la época que vivimos. Vívanlo, gócenlo, siéntanlo, vayan a verle, presuman de artista. Si en Castellón mete la espada, le corta el rabo. ¿Qué más da meter la espada? Matar, mata cumbre Manzanares. Torear...

fuente:elmundo.es