jueves, 25 de julio de 2013

SANTANDER | Feria de Santiago


Arrebata Morante de la Puebla


Morante tocó a rebato con el cuarto, un toro que de salida se quedaba por debajo en el capote cortito. También en el quite que José Antonio de la Puebla intentó. Pero descalzo el torero la faena alcanzó cumbres de torería inenarrables. Sin que el toro se emplease del todo ni humillase ídem de lo mismo. Sobre la mano derecha el arrabato fue haciéndolo romper hasta una cuarta tanda prodigio de empaque, gusto, pecho y mentón, y una alada resolución con un cambio de mano por la espalda y un molinete invertido de sabor, sabor. De ahí en adelante la faena ganó en poso sobre la mano izquierda. Una delicia. El palillo cogido por el centro, la muleta muerta, el cuerpo y la embestida hacia delante. Tres luego superiores y un pase de pecho ligado inolvidable. El alma puesta. De las rayas ya hacia dentro, tres ayudados por alto que firmaría Rafael el Gallo. Una locura. Un cambio de mano por delante. Y dificultades para cuadrarlo. Muchas hasta el aviso. Pero Morante no quería tirar por la ventana lo hecho. Tanta torería añeja que gana según avanza el siglo XXI. Un pinchazo. Y una estocada contraria mortal. Otro aviso inoportuno con el toro muerto. Una oreja que es más que eso. 

Morante deshiela el norte 


Costó, pero La Puebla por fin entró en Santander. En el viaje desde Sevilla, Morante debió de ir arrastrando hasta las nubes que han ennegrecido la feria. Hasta hoy. Si torea Sevilla, torea con sol.  Pero en estas tierras ( o mares) de casquetes polares en pleno julio, ha sido Morante quien ha derretido el hielo de una afición recelosa por la mala suerte del torero con los lotes año tras año. Y lo hizo a golpe de natural y ayudado, de raza en la mirada y pelo revuelto cubriendo la mirada de fuego. 

Fue este toro de Morante, el cuarto, un animal bien hecho y bajo, estrecho de sienes, de los que nadie da un duro y con el que sorprendió el torero 'liao' a pegarle redondos sin probarlo. A más el toro en las siguientes series, pareció acabarse...y empezó la obra. Sosito, templado el de Juan Pedro y más aún Morante, en los cites apareció Belmonte y en los naturales, simplemente Morante, ese de la Puebla. Menos mal que un servidor escribe y no narra de voz, pues la voz se la dejó en los ayudados,dignos del óleo de Diego Ramos. Ayudados que soy incapaz de quitarme de la cabeza y que me van a impedir mantener cualquier conversación mínimamente racional está noche. Un espadazo tras pinchar arriba dejó la obra en una oreja, pero como siempre se dice, no importa si lo hecho queda en la retina. Y queda, vaya si queda. El toro que abrió plaza es una excusa para seguir hablando de Morante, pues fue un inválido que se quitó de encima a modo de la casa.



fuente:mundotoro


Surgió de la inspiración de un figurón del toreo nacido en La Puebla del Río



El primero de la tarde, Alucino de 596 kilos, un toro con mucha romana, alto de agujas, con mucho morrillo llegó templado al capote de Morante de la Puebla. Suyas fueron cuatro buenas verónicas enganchando al animal, a las que le faltó remate por la evidente falta de fuerzas. Fea pelea en el caballo echando la cara arriba, haciendo sonar el estribo. Abrió el telón con un trincherazo sublime. Poco duró la alegría ya que el burel se quedaba corto y no respondía a los cites del sevillano. Para qué perder el tiempo, pensó el torero, y puso fin a la función con un pinchazo hondo y dos descabellos. Falla el puntillero. Pitos. Nadie sabía lo que iba a venir después. 

La faena de la feria se la realizó Morante a Granuja. La sintió desde lo más dentro de su alma. Decidió quitarse las zapatillas antes de coger la muleta para que no le molestara el resbaladizo piso de la plaza, y surgió la magia. Medido inicio de faena para sacarse el toro a los medios. Tímidos olés que empezaban a romper, poco a poco. Faltaba calidad en el toro, noble pero sin terminar de entregarse en ningún momento. Allí estaba José Antonio para paliar todos los males. Pañosa en mano, encajado como sólo él sabe, interpretó dos series con la mano derecha en redondo cuajadas, con temple, cadencia, ritmo y hondura. La profundidad de un torero que pasa por uno de sus mejores momentos en su carrera. Sale de una serie con un molinete de esos que saboreas durante toda la vida. Ya es un torero de fama, dinero y categoría, como decía la copla de Rafael de León y Antonio Quintero. Despendría esa torería añeja por los poros, poco le importaba el tiempo cuando estaba disfrutando en la cara del toro. Entonces agarró las telas con la izquierda y aquello tomó tintes de faena para el recuerdo, naturales sin fin, arrastrados, ofreciendo el medio pecho, tan despacio como nadie podía imaginar minutos antes. Para rematar, tres ayudados por alto dignos de un cartel y un molinete casi sentimental. Resultaba imposible colocar al toro para la muerte. El torero lo pasó mal, era lo de menos. Pinchazo y estocada que provocó derrame. Oreja tras dos avisos pero, ¿qué más dan los números cuando un artista interpreta una perfecta sinfonía?

fuente:burladero.com


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