martes, 6 de septiembre de 2011

CONSANGUINIDAD Y GANADERIA DE LIDIA


ARTÍCULOS RUMIANTES



Consanguinidad y ganadería de Lidia
Por Julián Castro Marrero


La raza bovina de Lidia cuenta con unos efectivos reducidos en todo el mundo, que se estiman en menos de un cuarto de millón de cabezas, y además se cría siguiendo sistemas de manejo muy tradicionales que favorecen los cruces de animales emparentados entre sí en las diversas ganaderías. Esto incrementa la consanguinidad, fijando caracteres deseables pero también acentuando diversos defectos graves.


El universo poblacional de la raza bovina de Lidia es pequeño, se estimaría en unas 210.000 cabezas, de las cuales aproximadamente 175.000 son las existencias en España y el resto se distribuye en México, Portugal, Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador. Este dato nos señala la factibilidad de la presencia de la consanguinidad en las ganaderías de Lidia, por ser estos rebaños pequeños y por su manejo cerrado y por la orientación de la selección en este tipo de explotaciones, que siguen una determinada línea genética o encaste, que reduce aún más la población en apareamiento.


Consanguíneo es el apareamiento entre animales que están más emparentados entre sí que el promedio de la raza o población a la que pertenecen. El apareamiento de animales relacionados con un ejemplar en particular, para mantener o incrementar las características del mismo en sus descendientes, es una forma de consanguinidad que se denomina linebreeding.


Entre los factores que contribuyen al aumento de la consanguinidad en una población están su tamaño y las subdivisiones existentes en ella. En el manejo propio de los animales domésticos se crean subdivisiones. En el caso de la ganadería de Lidia estas son más evidentes por ser frecuente el apareamiento de animales relacionados con un ejemplar en particular, para mantener o incrementar las características del mismo en sus descendientes. Complicaciones propias de trabajar para mejorar un carácter, que conlleva el riesgo de perder variabilidad.


Tradicionalmente ha existido un manejo del sistema de producción del toro de Lidia que ha favorecido el incremento de la consanguinidad, al ocasionar un aislamiento reproductivo. Sobre todo por lo que representan sus métodos de selección orientados a la fijación de determinados caracteres, utilizando ganaderías cada vez mas pequeñas y un reducido numero de encastes, algunos de los cuales han disminuido su presencia gradualmente, de acuerdo a las preferencias de la época.


Los criadores aceptan la consanguinidad y actualmente se apoyan en la informática para obtener un control que les permita minimizar su presencia y llevar apareamientos acordes con sus objetivos. Ya que los estudios publicados por los académicos muestran que la tendencia estadística es de crecimiento de la consanguinidad en las ganaderías.


El ganadero orienta la cría de acuerdo con sus preferencias fenotípicas y de comportamiento, intentando que todos sus toros tengan una serie de caracteres comunes en función de los propósitos definidos de su ganadería. Y para conseguirlo, de acuerdo al manejo y selección, incurren en cierto grado de consanguinidad.




La consanguinidad como medio de fijar los caracteres



Hay que tener presente que la consanguinidad no mejora las cualidades ni empeora los defectos, lo que hace simplemente es fijar cualidades y también puede fijar los defectos. Por ello es de suma importancia la selección de los animales que van a actuar como reproductores. Y no sólo por su fenotipo, sino por su genotipo.


La consanguinidad se produce por el apareamiento de animales que tienen uno o más ascendientes en común, y cuanto más cercano sea el parentesco entre estos, mayor será la consanguinidad en la progenie resultante.


Se identifican dos tipos:


• la estrecha que es la que resulta por el cruce de hermano con hermana, de padre con hija y de hijo con madre,
• y la familiar como producto de la unión de individuos que no tienen parentesco directo, como son entre otros, medios hermanos, entre primos o tíos con sobrinos.


Coeficientes de consanguinidad en la progenie asumiendo que los padres no son consanguíneos.


Apareamiento entre... Consanguinidad
Hermanos 25%
Medios hermanos 12,5%
Padre/madre-hija/hijo 25%
Abuelo/abuela-nieta/nieto 12,5%
Primos con abuelos comunes 6,25%




Herencia genética, genes y alelos




La herencia son las características que se transmiten de padres a hijos. Las características se transmiten por medio de los genes. Los genes son la unidad física y funcional de la herencia, localizados en los cromosomas, los cuales poseen la función de llevar la información genética de una generación a otra. Los animales emparentados tienen más genes en común que los desvinculados genealógicamente, y así como tienen más genes favorables, también tienen más genes indeseables.


Cada característica es transmitida por un par de genes. Éstos pueden ser dominantes o recesivos: los rasgos dominantes son controlados por un gen en el par y los rasgos recesivos requieren de ambos.


Alelos son cada uno de los genes del par que ocupa el mismo lugar en los cromosomas homólogos y su expresión determina el mismo carácter o rasgo. El individuo que posee un par de alelos idénticos es homocigoto y puede ser, homocigoto recesivo u homocigoto dominante, y heterocigoto es aquél que presenta un par de alelos no idénticos, uno dominante y otro recesivo.


Los genes recesivos en heterocigosis pueden permanecer ocultos o escondidos y no se expresan en el fenotipo animal. Pero cabe insistir que tales genes recesivos indeseables hacen evidentes sus efectos únicamente en los animales que portan dos copias iguales, es decir, en los homocigotos recesivos. Hay genes recesivos que provocan desórdenes genéticos o afectan la reproducción, longevidad y funciones productivas.


Normalmente, los animales que expresan una característica indeseable son descartados del rebaño, Conducta que hace disminuir en este la frecuencia genética (el gen) para esa característica negativa. Dentro de una población puede haber pocos animales que son homocigotos para un gen perjudicial en particular, pero éste todavía puede estar allí escondido, sin detectar, en los animales heterocigotos.






Efectos indeseables y ventajas de la homocigosis




La consanguinidad produce un incremento del nivel de homocigosis y aumenta el riesgo de la aparición de efectos indeseables en el fenotipo, estado denominado como depresión por consanguinidad, que generalmente se asocia con afectaciones de la fertilidad y la longevidad y, en menor grado, con el desarrollo y las características productivas.


La depresión por consanguinidad puede ser significativa si el nivel de consanguinidad se incrementa rápidamente. Cuando aumenta lentamente, es conveniente ejercer una fuerte presión de selección para descartar los reproductores con características indeseables o de pobre desempeño.


Demanda la utilización de la consanguinidad una rigurosa selección, objeto de obtener ejemplares con el patrón deseado dentro de las metas de la ganadería, y para no incluir como reproductores los que presentan caracteres desfavorables.


En los efectos negativos de la consanguinidad cabe resaltar:
• Aumento en la homocigosis.
• Aparición con mayor frecuencia de defectos letales y otras anormalidades genéticas debido a la homocigosis de genes recesivos.
• Declinación de caracteres tales como fertilidad, tasa de crecimiento, sobrevivencia o producción de leche, entre otros.





La raza de Lidia




Dentro sus beneficios, es de llamar la atención el hecho de que la consanguinidad se ha utilizado a lo largo de los años para la fijación de caracteres deseables. Basándose en este principio se han desarrollado y conservado razas de animales, y es este el caso de la de Lidia.


Álvaro Domecq y Díez, en su libro El Toro Bravo, hace la siguiente referencia:
“Fue José Vicente Vázquez, a tenor de lo que dice López Martínez, allá a mediados del XVIII, quien tras agrupar reses de diferentes ganaderías, procuró sacar un tipo único y uniforme mediante la selección y la consanguinidad”.


En un valioso y entretenido trabajo titulado Miradas al río de la bravura, el doctor Alberto Ramírez Avendaño, médico veterinario, profesor y ganadero venezolano, observa lo siguiente:


“En el caso de la ganadería de Lidia basta con analizar la reata de un semental en cualquier ganadería de prestigio, para advertir un índice muy alto de consanguinidad en comparación con otras razas de bovinos. La selección secular de rebaños familiares, cerrados, poco numerosos, a través de muchas generaciones parece haber segregado muchos factores adversos, que no se muestran en los rebaños contemporáneos, los cuales mantienen por ejemplo, una fertilidad alta en general y por lo contrario, se advierten signos, posiblemente asociados a factores genéticos, en trastornos de la locomoción y alteraciones fisiopatológicas de la contracción muscular. En relación a estos asuntos, cuya complejidad, requiere serios estudios interdisciplinarios, desde tiempos se maneja entre los taurinos de oficio toda una jerga sobre consanguinidad, degeneración, refrescamiento de sangre, toros que ligan, términos que se emplean a destajo con más autoridad supuesta que conocimiento real”.


En su obra, Incursionando en lo desconocido, apuntes sobre la caída del toro, Juan José Zaldivar Ortega, expresa:


“A las causas antes fundamentadas hay que añadir la más importante y de la que, en aquellos años de las décadas de 1950 y 1960, nadie hablaba: la citada consaguinidad. En ella se encuentra especialmente instalado ese factor de desequilibrio mioneural protagonizado por una reducción notable de enzimas colinesterasas en la sangre de los animales con altos niveles de homocigosis. En la mayoría de las ganaderías portuguesas, cuyo ganado se ha reproducido durante muchos años dentro de grupos cerrados, el grado de consanguinidad es muy alto, resultando un riesgo inmovilizarlos con drogas miorrelajantes, porque teniendo bajos niveles de colinesterasas en sangre nos exponemos a que los animales no se recuperen”.


El profesor J. Cañón y cols. de la UCM de Madrid (España), en trabajo de investigación denominado Distribución de la variabilidad genética en la raza de Lidia, coloca en sus resultados y conclusiones, entre otras cosas, lo siguiente:


“Se midieron los niveles de endogamia y de parentesco entre los animales de cada encaste y su contribución a la diversidad global. Los encastes explicaron el 20% de la variabilidad genética global, el 43% es atribuible a las diferencias genéticas entre animales y el 37% a la variabilidad genética dentro de los animales, lo que implica la existencia de una tendencia hacia la homocigosis en los animales de los encastes.


La existencia de una estructura de población dividida en líneas o encastes y ganaderías ha permitido una acumulación de la variabilidad genética entre los encastes, como consecuencia de importantes procesos de deriva, y aunque el tamaño efectivo global de la raza se reduzca como consecuencia de esta división, ha podido resultar una buena estrategia para el mantenimiento de la variabilidad genética global.


Debemos resaltar que los encastes Miura y Pablo Romero están entre los que más contribuyen en la diversidad global de la raza de Lidia, como consecuencia de su elevado distanciamiento genético del resto. Sin embargo, otros encastes que están entre los que más aportan proporcionalmente a la diversidad global, lo hacen debido a la mayor variabilidad genética interna, es decir, por la mayor distancia genética entre los animales del encaste. Este es el caso de los encastes de Santa Coloma, Contreras, Saltillo o Concha y Sierra”.


Evolución en los estudios genéticos, dentro de ellos los exámenes de ADN, permiten analizar y conocer el origen y distribución de los encastes. También la comparación de ganaderías y de sus ejemplares, aportando información de sus estructuras y niveles de endogamia (cruzamiento entre individuos de una raza, comunidad o población aislada genéticamente), y así mismo prever la dinámica de la consanguinidad.


Es interesante lo publicado por el semanario AplausoS.es, el 31 de julio del 2010, en entrevista titulada Referente Bravura, realizada por Iñigo Crespo al ganadero español Victorino Martín, quien expresa:


“Nuestro mayor enemigo es la consanguinidad. Llevamos más de cien años en pureza de sangre, por eso es importante abrir la ganadería y buscar líneas”.





El futuro




En esta coyuntura, cabe preguntarse sí los criadores de ganado de Lidia se abrirán en busca de incorporar otras líneas genéticas presentes fuera de sus propiedades, y dejarán de lado el manejo tradicional. Si utilizarán asesoría profesional de genetistas para analizar la situación actual de su plantel, orientaciones de cruzamiento en uso y factibles rutas nuevas que permitan el manejo controlado de la consanguinidad y la obtención de productos que cumplan con la misión y visión que tienen los propietarios de lo que debe ser una ganadería de casta.


Esperemos avances en estudios científicos que orienten nuestra cría de ganado de Lidia para obtener cada vez mejores resultados, conservar recursos genéticos y preservar la raza.





Bibliografía




Cañón, J. y col. Distribución de la variabilidad genética en la raza de Lidia.- Facultad de Veterinaria UCM. Madrid. 2007.
Crespo, Iñigo. Referente Bravura. Semanario AplausoS.es- Valencia. España.. 31- 07- 2010.
Domecq y Diez, A. El Toro Bravo.- Séptima Edición. España. 1996.
Fernández, M. Consanguinidad en bovinos, lo que necesita saber.- Revista Angus. Bs. As. Argentina.2005.
Florio, J. Consanguinidad en Ganadería Bovina. Manual de Ganadería de Doble Propósito. INIA-BARINAS. Venezuela.2005.
Ramírez Avendaño, A. Miradas al Río de la Bravura.- Artículos de Interés. Ganadería de Lidia Los Aranguez. Carora. Venezuela.
2003.
Zaldivar, J. Incursionando en lo desconocido. Apuntes sobre la caída del toro. Web del autor. Fiestabrava.es. Cádiz. España. 2009.


fuente:http:veterinariostaurinos.blogspot.com

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